Santísimo Cristo de los Vaqueros

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La imagen del Cristo de los Vaqueros fue comisionada por la Hermandad al escultor Francisco Antonio Gijón el 29 de agosto de 1677. El entonces joven escultor utrerano se comprometía a tallar un crucificado en madera de ciprés, encarnado, de cinco cuartas y media (115,5 cm) con su cruz de madera toscana. La talla barroca venía a sustituir un crucificado previo (seguramente de origen tardomedieval), con la misma advocación, que mencionaban documentos anteriores como un inventario de 1656[1]. La hipótesis más fiable en cuanto a su advocación se relaciona con su protección sobre los ganaderos de la cabaña vacuna, los vaqueros o vaquerizos, tan vinculados hasta el presente al contexto agrario del lugar donde la ermita está enclavada. 

cristo vaqueros (2)Su tipología responde a un crucificado de tres clavos post-mortem, con un acentuado descolgamiento del cuerpo, los brazos en marcada diagonal y la cabeza inclinada con la barbilla apoyada en el pecho. Las mejillas rehundidas, los pómulos salientes y los ojos cerrados son otros signos faciales que refuerzan la sensación mortuoria. A base de gubiazos finos y largos, talla el escultor el cabello y la barba, bífida y puntiaguda. Muchos de estos rasgos definirán la producción posterior de Gijón en su etapa de madurez, marcada por su obra cumbre: El Cristo de la Expiración, vulgo el ‘Cachorro’ (1682), en su caso, captando magistralmente el instante previo a la expiración.

El Cristo de los Vaqueros, con un excepcional estudio anatómico a pesar de la juventud del artista, inaugura, por tanto, una tipología de crucificado barroco sevillano que terminará fijándose como un hito de la Historia del Arte. No es solo por tanto, su relevancia por erigirse en precedente de una de las obras más laureadas del autor y de la escultura sevillana del periodo, sino por fijar un excepcional prototipo[2].

Tras un azoroso periplo a raíz de ser sustraída la imagen de la ermita en lo 60, fue felizmente recuperada en 1996 por la Hermandad en un épica historia digna de novelarse, que amerita el reconocimiento de todos los castilblanqueños. Fue entonces sometido a una restauración entre junio de 1997 y el mismo mes del año siguiente bajo la dirección de la experta del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de Andalucía, Cinta Rubio Faure[3].

El pésimo estado de conservación en el que la obra llegó fue constatado a través de exámenes radiográficos, analíticos y organolépticos: ensamblajes en mal estado, virulento ataque de hongos o una burda repolicromía que había llegado a modificar incluso la iconografía, al transformarlo en un crucificado vivo. Su proceso de restauración es estudiado en la actualidad como paradigma de intervención estrictamente conservativa, que se abstiene de la repolicromía en una escultura expuesta al culto público.

 

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[1] A.G.A.S., sección Gobierno, serie Priorato de ermitas, leg. 3863 (expediente nº 14, sin foliación).

[2] RODA PEÑA, José et al. Francisco Antonio Ruiz Gijón: escultor utrerano, Utrera, Siarum, 2003.

[3] MARTÍN GARCÍA, Lourdes, SAMEÑO PUERTO, Marta, VILLANUEVA ROMERO, Eva, RUBIO FAURE, Cinta. “Crucificado de los Vaqueros: investigación y tratamiento”, PH: Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, 1998, año nº 6, nº 24, pp. 25-32. Véase también: TORREJÓN DÍAZ, Antonio, PÉREZ DEL CAMPO, Lorenzo. “Procesos de restauración y hallazgos documentales: nuevos datos para la historiografía del patrimonio escultórico andaluz”, PH: Boletín del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, 1998, año nº 6, nº 22, pp. 67-71