La Romería en honor a Santa María de Escardiel es una de las tradiciones más antiguas que atesora la Sierra Norte de Sevilla y da lugar, cada año, a una de las movilizaciones populares más importantes en Castilblanco de los Arroyos.
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El Simpecado de Escardiel, a las afueras de Castilblanco, encabezando la peregrinación a la Ermita durante la Romería.

Las fiestas de la Virgen de Escardiel comienzan el primer fin de semana del mes de septiembre, una semana antes de la celebración de la romería, con el triduo en altar mayor de la Parroquia del Divino Salvador de Castilblanco. El cual, culmina con una tradicional verbena y subasta popular organizada por la Hermandad en el castiblanqueño barrio de El Puente con el fin de recaudar fondos para sufragar los gastos de la romería. De madrugada, la suelta de varios toros de fuego cierra la fiesta.

Es ya durante el segundo fin de semana de septiembre cuando tiene lugar la romería propiamente dicha, cuando las puertas de la Dehesa de Escardiel se abren para acoger al pueblo que se entrega a los caminos junto al Simpecado de la Hermandad para vivir una peregrinación que, por su historia y peculiaridades, ha sido catalogada de Interés Turístico Nacional.

Durante los días previos a la Romería los escardieleros preparan sus carretas, en su mayoría tiradas por bueyes, mulos o tractores para recorrer los escasos 5 kilómetros que dictan para llegar a la Ermita caída la tarde.

A las tres de la tarde, el Simpecado parte de la Parroquia en una carreta guiada por bueyes para poner en marcha una comitiva de la que participan cientos de personas. Los romeros hacen el camino lentamente, disfrutando del encuentro con amigos y familiares. Muchos emigrantes aguardan el día de la romería para regresar a Castilblanco.

Al caer la tarde, la comitiva llega a la dehesa de Escardiel, una finca a cinco kilómetros del pueblo que el resto del año es lugar de esparcimiento y cobijo para el ganado. Tras la presentación de las carretas ante el Simpecado, al calor de las barbacoas. la noche transcurre entre los cantes de los peregrinos en torno a las encinas y alcornoques de la dehesa.

Tras el rezo del Santo Rosario a las doce de la noche, los fieles de esta antiquísima advocación mariana aguardarán el momento de portar las andas de la Virgen de Escardiel que, entrada la madrugada, procesiona por el Real de la Ermita finalizando su recorrido con la tradicional “puja de bancos” por la que los escardieleros realizan sus ofrendas ante la imagen. Las donaciones más altas tienen el honor cada año de portarla de vuelta a su altar donde, si no es año de Venida, permanecerá hasta la próxima romería.

A media mañana del domingo se celebra la Santa Misa en honor al Cristo de los Vaqueros y, por la tarde, las carreras de cintas a caballo sirven de previa al canto de la Salve de despedida. El camino de vuelta hasta Castilblanco guiado por la carreta del Simpecado de Escardiel se realiza con igual o más entusiasmo. Son los últimos cartuchos de un tiempo de reencuentro que se escapa.

Ya en la noche del domingo, los cohetes anuncian la llegada de los peregrinos al pueblo donde tiene lugar el desfile y entrega de trofeos a los mejores caballistas, carretas de bueyes y remolques ante el Simpecado a las puertas de la Parroquia del Divino Salvador.

En el año 1997, el Ayuntamiento de Castilblanco impuso la Medalla de Oro de la Villa a la Virgen de Escardiel como reconocimiento a la primitiva relación que une a esta advocación mariana con el municipio desde 1247.